Virgina Mendoza, autora del libro sobre Armenia "Heridas del viento"

Virgina Mendoza, autora del libro “Heridas del viento”, convive con las personas de las que escribe

Virginia Mendoza es periodista y antropóloga. Ha viajado por el Cáucaso los últimos dos años, escuchando, escribiendo… Acaba de publicar el libro Heridas del viento, que recopila artículos de su experiencia en Armenia. Antigua y querida alumna de nuestra Facultad, nos reencontramos para hablar sobre cómo ha influido la antropología en su forma de hacer periodismo y conocer mejor sus métodos de trabajo.

Define tu mirada antropológica

Supongo que mi mirada antropológica parte de la idea de llegar a incluir al desconocido en mi vida por un momento y de la necesidad de escuchar a los ancianos. El desconocido siempre anda dando vueltas en mi cabeza. Es algo que con los años y las decepciones va en aumento: un desconocido puede sorprenderte siempre para bien, nunca puede decepcionarte porque de él no esperas nada, no hay un vínculo. Es esa sorpresa la que me ayuda a escribir como si descubriese un mundo nuevo. Y luego están los ancianos…Voy en busca de sus  enseñanzas porque me empujan a escribir y a vivir con más ganas.

¿Cómo te ayuda la antropología en tu trabajo como periodista?

En realidad no creo que la antropología ayude a mi trabajo como periodista, porque en realidad ambos se retroalimentan; es un diálogo constante. Supongo que hago las dos cosas en la misma medida. Teniendo en cuenta que la antropología es mi segunda formación, en ese sentido sí que me ayudó a detectar cómo quería enfocar lo que hacía en periodismo. Realmente empecé a estudiar antropología porque no di con ningún máster que me fuese a aportar lo suficiente para hacer el tipo de periodismo que quería hacer. Me interesaban los relacionados con derechos humanos y estudios para la paz, pero también me parecían algo limitados: yo quería escribir sobre las personas por el mero hecho de serlo; dar voz a esa gente anónima que no saldría en los periódicos a menos que provocase una noticia. Claro, eso no se puede hacer con la prisa del periodismo que nos enseñan en la facultad; pero sí con la calma de la antropología y por suerte ambas disciplinas son más que compatibles.

En tu caso, ¿cuál es su aplicación práctica?

Convivo con la gente que me interesa. A veces la busco; otras simplemente se cruza en mi camino y creo que merece la pena que me quede a merendar con ellos mientras terminan por contarme su vida. Decía Kapuscinski que para escribir sobre alguien había que compartir un poco de su vida, y yo intento ser fiel a sus enseñanzas. Por eso me metí en las casas de estas personas y hasta acabé cocinando para algunas de ellas. Con varios protagonistas de las crónicas de ‘Heridas del viento’ pasé varios días, pero creo que no hay nadie con quien no pasase por lo menos una mañana o una tarde. Me encantan las entrevistas y al mismo tiempo las odio. Gracias a esta esta contradicción, siempre acababan dándome una información de la que quizá no habría podido disponer si hubiese llegado allí con la asepsia de la entrevista preparada.

¿Cómo interpretas rápido aquello que ves, oyes y sientes para poder escribirlo?

Me dejo llevar por lo que siento, por lo que me transmite la otra persona. Creo que sería incapaz de escribir una crónica sobre alguien con quien no llegase a conectar, con quien no empatizase o que no llegase a parecerme mínimamente entrañable. Además, me gusta enfrentarme al reto de que la persona menos esperada logre llegarme. Por eso me encanta hablar con veteranos de guerra aunque sea pacifista o con escultores imagineros aunque no me gusten los santos. Seguirá sonando contradictorio, pero también me resulta muy útil la literatura fantástica de Terry Pratchett a la hora de hacer lo que un amigo llamó acertadamente perioantropodismo. Creo que la obra de Terry Pratchett se tendría que analizar en las facultades de antropología, seguro que abriría los ojos a más de uno que andase pensando cómo fusionar sus intereses.

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